El hombre y su huella social: Rafael Vidal

Rafael Vidal. La huella tras la vida, para seguir inspirando a muchas más.  En la mía comenzó en la adolescencia. Él ocupó el espacio de esa figura de quien te conviertes en fan, en mi caso a raíz de sus hazañas deportivas en los Juegos Panamericanos de 1983 y sus frases en las declaraciones  a los medios, que evidenciaban una personalidad fuera del muchacho común.

El tiempo pasó y el sentimiento evolucionó a admiración adulta y ser fuente de motivación para mi proyecto existencial. En el interín del andar hubo una anécdota especial, cuando estudiaba Comunicación Social en la UCV. El profesor de Periodismo Informativo nos lanza la asignación clave del curso: la entrevista de personalidad. Para mí fue un reto y oportunidad. Me las ingenié para contactarlo, y una vez concedida la cita, que tendría lugar en la pileta del Club Hebraica donde lo encontraría en rol de entrenador, fui tras el encuentro con el ídolo. Fueron dos horas de amplia y reflexiva conversa para consumar un mix de sueños: el de quinceañera y el de pichona de periodista.

La publicación de ese encuentro ocurrió 20 años después, tras su partida, cuando algunos colegas que sabían de ese texto estudiantil, me pidieron permiso para publicarla. Ayer, por intermedio de mi comadre, tuve la fortuna de conocer a Marina de Vidal, la madre de Rafael. Mi admiración y respetos para ella. Además de contarle la anécdota de aquella entrevista, tuve la oportunidad de conocer más sobre Rafael Vidal, el ser humano. Definitivamente fue un ser especial, con una enorme capacidad para conectar con el Otro y trascender en el tiempo, e inyectar energía a la vida, a pesar de las grandes  dificultades.

Eso que llamamos responsabilidad social, cuando es realmente auténtica, nace definitivamente de aquellos seres que sin tener ese propósito, inspiran y son agentes de cambio.

Comparo aquí el resultado de aquello que escribí, coincidencialmente, un 12 de febrero, pero de 1987. Fue publicada por los diario NotiTarde y Útimas Noticias, el 21 de febrero de 2005

Un medallista en ilusiones

El ex nadador cuenta su incansable camino hacia el éxito, trazado con matices de pluma, pincel y la frase de algún escritor…

rafael-vidal-entrevista-publicada-notitardeUn niño de cabellos rizados, serpentinas doradas, esconde su rostro tras una cortina de lágrimas y un gemido rebelde. Las dos esferitas verdes, que separa su nariz, observan, aterrorizadamente, a una madre que organiza el conjunto formado por una toalla, un traje de baño… Sus ocho años no comprendían que de esa tortura devendría, quince años después, la satisfacción de ganar una medalla olímpica.

Rafael Vidal. Un minuto, un minuto, cincuenta y siete segundos y cincuenta y un centésimas, bastaron para colocar a un hombre en un puesto honorario dentro del deporte nacional. Tiempo que resumió jornadas de sacrificios y predestinó otras: la perenne atadura al sabor de la fama.

“Cuando tenía siete años, mi mamá tuvo la idea de meterme en un curso de natación, vacacional…” Con la espontaneidad y juvenil fluidez de su grave voz, coloca a andar el disco rayado que cuenta sus inicios en la natación. Para mayor comodidad ofrece sostener el mismo grabador, al cual a veces acercaba su rostro, divertidamente, jugando a ser locutor. La mirada se perdía de vez en cuando en detallar los movimientos de un grupo de pre-adolescentes que se deslizaban en el agua. Los estaba entrenando.

Se acabó ese cursito de verano, pero yo pasé a un nivel superior, un poquito más arriba de dónde estaba. Con eso tuve un estímulo y seguí nadando. Y así como son las cosas, te vas envolviendo… te vas envolviendo. Me destaqué un poquito, fui a un nacional, pasé a un nivel más arribita y de repente, comenzaste por un cursito de dos meses y a los quince años de eso te ganas una medalla olímpica…

Tres lustros de entrenamientos y del constante deseo de retirarse. Nunca se sintió presionado para continuar en la natación. Sólo cuando tenía ocho años y comenzaba su primer entrenamiento serio, le lloró a su mamá, al no resistirse esa rigidez, pero eso duró pocas semanas, hasta que se hizo amiguito de los otros niños. También, a los doce años, pensó en el retiro cuando se encontró en la situación de que los entrenamientos no se adaptaban a su horario. Pero Alfonso Victoria lo llamó y, junto con otro grupo de muchachos, formaron el equipo del Colegio Santiago de León, donde estudiaba.

Cuando compitió en las Olimpiadas de Moscú, luego de haber obtenido el décimo primer lugar en su estilo, pensó en retirarse otra vez. Aunque sus padres apoyaron esa decisión, se quedó, y de alguna u otra manera su aspiración era la presea olímpica.

UN ENTRENAMIENTO MILITAR

Al preguntarle por sus añoranzas de aquellos días de nadador, piensa un poco. El hombre de franela beige con tonos pastel que la surcan tres veces a la altura del pecho y de pantalones de pana azul marino, adopta un tono serio, menos informal, se endereza…

Sí. Claro que extraño esos días, porque ya no estoy nadando activamente. Pero si te refieres a aquel que fue buen nadador, no, porque yo todavía soy aquel.

Esto es un poquito esotérico, porque esos niños que tú ves ahí no se dan cuenta de lo que significa eso- Hace un silencio y recuerda luego su etapa de nadador en Greensville, Estados Unidos, cuando formaba parte del equipo de la Universidad.

El entrenamiento era tan rígido y la forma de vivir era tan estricta, que yo dejé de pensar en muchas cosas. La natación era para mí como un trabajo, me quitaba seis horas al día, además que tenía una responsabilidad increíble como nadador. Imagínate, el entrenador era tan estricto de esos de los que es lo que él dice y más nada, sin preguntar dos veces. La natación era para mí la búsqueda de nuevos límites, de la mente y el cuerpo. De la mente porque era increíble la cantidad de dolor y angustias que soportábamos en ese equipo. Del cuerpo porque me encontraba en una condición física insuperable. Ahora no hago ni la mitad de lo que yo hacía.

Esto que te digo me marcó de tal forma que yo sé que puedo soportar una gran cantidad de situaciones; porque si yo sobreviví a esos cinco años allá, puedo sobrevivir a cualquier cosa.

Cuando Rafael Vidal habla se entusiasma tanto que poco a poco va enredando otros temas. Al darse cuenta se detiene, sonríe y pregunta “¿por qué te estoy contando todo esto?”

MEDALLAS CON SABOR A GALLETA

El haber ganado una medalla olímpica tuvo para él una influencia sicológica, una parte de sí se sentía realizado. “Aunque te confieso que mi idea era ganar el primer lugar, así fuese el tercero en el mundo. Nadie ha nadado tan rápido en la historia, en esa prueba, como nosotros tres”.

“No fue una satisfacción completa, pero si yo me hubiese satisfecho totalmente quizás estuviera siendo un mediocre, porque así no tendría por qué esforzarme más”.

Sin terminar de preguntarle el número de medallas que tiene, ya está riéndose.

Es increíble. Me tengo que sentar un día a contarlas, pero deben estar entre las trescientas y cuatrocientas- hace una pausa y agrega- No me creerás si te digo que las tengo dentro de las latas de galletas, de esas cajas redondas, que son bonitas- con la mano dibuja en el aire el círculo- Mi mamá hace poco colocó en dos corchos algunas de ellas… y uno de ellos del peso se fue para el piso. ¿La olímpica? Esa la tengo guardada dentro de una gaveta, para que veas qué modesto soy…

EL COMPROMISO DE UNA IMAGEN

Esa noche del tres de agosto de 1984, Rafael Vidal hizo gritar de emoción a todos los que lo vimos en la pantalla del televisor cómo ganaba el tercer lugar, que pudo ser el segundo si el alemán (tamaño Gulliver) se hubiese cortado el brazo. El sexto venezolano en ganar una medalla olímpica en la historia disfruta y padece, inmediatamente, el sabor de la fama.

El que diga que no le gusta la fama es un mentiroso. La meta de todo ser humano es el reconocimiento. Eso es como a los tipos que se miran en el espejo y dicen qué malo es estar tan bueno! – infla el pecho, alza los brazos y los dobla sobre los hombros, imitando la postura de quien se alaba frente al espejo.

– La fama me encanta, a pesar de que implica muchas responsabilidades. Uno tiene que cuidar su imagen, si es positiva, y más si con esa imagen ayudas a la gente, sobre todo dando un buen ejemplo a los niños. Y sin embargo ves que todos los días hay gente que hace lo contrario. Acabas de verlo en el Congreso, con los Diputados.

– Claro, también llega un momento en que fastidia. Luego de los Panamericanos el teléfono repicaba en mi casa sin parar, desde las ocho de la mañana, hasta las once de la noche. Incluso, hace apenas unos seis meses fui a una Tasca y… entrar y que todo el mundo me mirara, fue una sola cosa. Casi dejaron de bailar tampoco la nota es así!- exclama como si estuviese asfixiado.

Es un muchacho muy bromista. Rememora la cuña de la tarjeta de crédito, y dice que todo el mundo la confunde con la de “¿Usted me reconoce?”, pero en realidad es la del “pasaporte al éxito”.

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ADIOS A LAS AGUAS

“Yo me retiré, al contrario de lo que muchos piensan, a su debido tiempo. No fue un retiro rápido. Después de las Olimpíadas nadé un año más, con mi equipo de la Universidad, más que todo por un compromiso moral”.

La seguridad de sus gestos y de sus palabras reafirman el contenido del mensaje. Cuenta como razones de su retiro los pocos beneficios que iba a obtener si seguía en la natación. Arriesgarse no valía la pena. Además, su próxima graduación de Administrador de Empresas, mención Computación, y la muerte de su padre a los dos meses de las Olimpíadas, le sugerían volver a casa.

MIEDO

– ¿Llegaste a sentir miedo?

– Sí. Siempre -no vacila al contestar- Es el miedo a la incertidumbre. Sobre todo en una competencia. Es el sacrificio de fiestas, tiempo… Es el empeño y todos esos quince años se resuelven en segundos. Es resolver tu vida en segundos.

¿AMISTAD? UN ARTE

Rafael Vidal, a pesar de ser muy extrovertido y llevársela bien con todo el mundo, en general, considera que tiene muy pocos amigos.

– ¿Amigo? Amigo es muy difícil de ser y de encontrar ¿sabes? Yo los tengo incondicionales, el amigo de natación, el de la escuela, la Universidad… Casi todos son mujeres ¿Las mujeres? Me las llevo excelente. Me encantan.

De su amistad con Alberto Mestre, dice que poca, sólo un producto de los medios de comunicación. Aunque esporádicamente se ven, no hay alguna rivalidad. Son de vidas muy opuestas.

SENSIBILIDAD PURA

El actual Analista de Sistemas del Departamento de Computación de Lagoven tiene una agenda tan apretada, como en sus días de mayor popularidad. El tiempo lo distribuye entre la oficina, la piscina del Club Hebraica (entrena a los próximos competidores de los Panamericanos Hebreos) y el karate, cinta blanca, por ahora.

Es una persona que nunca está sin hacer nada.

“Me gusta pintar, la música… escribir… Soy muy tímido, reservado, en cuanto a estas cosas. Toco guitarra, pero me da pena que me vean. Escribo alrededor de frases que me gustan, pensamientos, un par de canciones, narrativa… un cuentito. No lo enseño porque es algo que me nace profundamente y que lo escribo de un modo complejo, con muchos simbolismos. Por eso no me gustaría que alguien lo leyera y por no entenderlo, no lo pueda apreciar, sino más bien con quien lo entienda. Si no lo puedes compartir conmigo, no mereces leerlo”.

Y luego de tan inspiradas frases, se detiene un momento y dice, para luego echarse a reír “Está muy fuerte lo que dije”.

“Me encanta leer. Ahora casi no tengo tiempo. Fíjate, cuando estaba en Greensville gasté más de 200 dólares en libros. Me encanta leer sobre Teología, el budismo, el shintoismo, me fascina la forma de ser de los japoneses. También leo la Biblia”.

“No me gusta la narrativa de Gallegos y cosas por el estilo. Pero sí otros como Cortázar, Aquiles Nazoa. Julio Verne también me ha impactado mucho”. La pasión por la lectura le impregna el rostro de un expresivo y refrescante intelectualismo. Es tan importante para él que su vida se rige por las frases que más le impactan de cada libro.

LAS FACILISTAS NO SON DE QUESO

La pregunta siguiente avivó el lado crítico-sociológico de Vidal: ¿Qué le criticarías tú a la juventud venezolana?

Tardó un rato en contestar, empezó pausadamente y luego acrecentó la rápida marcha de palabras y frases.

“Hay muchos jóvenes en Venezuela que trabajan por algo. Los movimientos literarios, los dedicados al plano científico, el deporte… Hay mucha juventud que lucha, pero por desgracia la mayoría es la que no lucha, la que cae en el facilismo; y el facilismo, los facilitas, no las cositas esas de queso -acota sonriendo -es una cuestión que yo critico en demasía. El que no sacrifica no gana nada, y el que no trabaja y no se esfuerza no logra nada”.

“Me enferman las personas que pasan los exámenes con Diez -se inclina hacia delante y pasa inquietamente las manos por su cabello- Tú tienes que luchar por ser el mejor, y si no lo eres, no importa, pero estás luchando!” Sus palabras se empujan unas con otras, entre ese subido tono de gravedad y rapidez.

De igual modo critica al país, lo considera un caos causado por el afán de los partidos políticos y sus líderes, quienes no quieren abandonar el poder. Le “enferma” también el anti-patriotismo de la juventud y del venezolano en general. “Si yo fuese Presidente reorganizaría todo esto, rodeándome primero de gente capaz y que confíe en mí”.

Este Rafael Vidal filósofo no admira a alguien especial. Le parecen genios Da Vinci, Miguelangel, Galileo… Tal vez porque quisiera ser tan polifacético como ellos. El aún no se siente realizado.

Y al final, la pregunta que resume todo: ¿Qué es para ti la vida?

Se inclina hacia delante, apoya el codo sobre la rodilla izquierda, el rostro sobre la mano, y los lentes, la mirada, casi en el vacío.

“La vida es sólo una ilusión…”

 NOTA DEL EDITOR: Esta entrevista fue realizada en Caracas el 12 de febrero de 1987 por la Lic. Xiomara Y. Zambrano, egresada en 1991 de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela 

ver enlace en: http://historico.notitarde.com/2005/02/21/deportes/deportes22.html

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¿A qué nos referimos cuando hablamos de “actores sociales”?

Es frecuente observar el uso de ese concepto en las declaraciones de voceros institucionales y opinadores de oficio, entre otros. El término lo suelen aplicar para aludir a individuos con nombre y apellido (de alto perfil mediático o de contundente influencia sobre terceros) grupos sociales o de presión, instituciones, stakeholders, públicos de interés, audiencias. Pareciera significar lo mismo, pero no lo es. Para comprender su importancia en la gestión de la RSE es necesario tomar en cuenta el lugar que ocupa la relación con el Otro.

En los sistemas sociales, ámbito donde opera la responsabilidad social, el individuo o en su relación con el otro (u otros) adquiere significancia como actor. Su singularidad es la base y meta de la sociedad, considerando las implicaciones de su acción social, entendida ésta como conducta manifiesta en un hacer interno o externo, con un sentido subjetivo. De acuerdo a Max Weber  (1922), se llama acción social aquella en la cual el sentido mentado por un sujeto o sujetos está referido u orientado en función de otros. Esta cualidad diferencia a la acción social de aquella que no lo es.

Nombrar a un actor como tal, de acuerdo a Fernando Reyes y Sergio Salinas (2002), requiere de elementos distinguibles, con un visible sentido del actuar e intervención en el mundo, de producir “situaciones históricas”[1] y autocomprenderse en un sentido de pertenencia hacia un grupo necesariamente definido. En este concepto de actor social prevalece la capacidad del sujeto en ver, definir y estructurar una realidad de la cual se es parte. Hay un elemento dinámico e intersubjetivo en el actor social, cuando manifiesta la experiencia del Para-otro, y cuando la sociedad reconoce un grupo provisto de conciencia como los “hacedores-de-algo”.

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Explican Reyes y Salinas que un actor social posee atributos de reconocimiento explícito  para ser tal, debe ser reconocido por otros actores que identifican su actuar: “Ellos los-que-hacen-esto” (los empresarios, por ejemplo). Otro rasgo clave es la formulación y difusión de demandas metasociales o deseos de transformación cultural, sin pretensiones de  poder o movilización de calle. De modo que los actores sociales tienden a lo tribal y al dominio de espacios parciales en los que se juegan ideales de autonomía, participación, y desarrollo de potencialidades humanas.

En la organización y revisión que González (2007) hace de la terminología de Nikklas Luhmann en su Teoría de los Sistemas Sociales (1984), la noción de actores sociales es sistémica: configuran un entramado social contemporáneo como un conjunto extendido de sistemas relativamente autónomos que se diferencian entre sí.[2] Esto último es imprescindible para la evolución social, y al interrelacionarse tiene que haber claridad en sus atribuciones y en sus posibilidades de selectividad, mediante un ejercicio de permanente redefinición de los mecanismos de diferenciación. Por otra parte, el actor, en sentido amplio sólo podrá operar como tal, en tanto sea capaz de autonombrarse, de auto-comprenderse; por ello es básica la comunicación capaz de brindar herramientas en la distinción con otros sistemas y con el entorno. La comunicación en esta teoría es concepto clave para en el abordaje de los actores, al enunciar que la sociedad se compone de comunicaciones entre hombres. La efectividad de la comunicación es posible cuando las distintas partes sean conscientes de la capacidad que tiene cada una de ellas para seleccionar una determinada pregunta, respuesta o acción, aceptación o rechazo de un determinado mensaje.

Luhmann focaliza su análisis en las funciones sociales que los actores llevan a cabo y los relacionan con un determinado sistema social, que los configura, los sobrepasa y trasciende, al ceñirse a un conjunto determinado de acciones y normas. El acoplamiento individuo-organización social es mediatizado por la comunicación, siendo ésta a su vez el instrumento para el relacionar, paso necesario en la construcción social. Dentro del relacionar, el concepto de comunicación se hace imprescindible. En la Teoría de los Sistemas Sociales, signada a su vez por los aportes de Bateson, Maturana y Varela, entre otros autores, la comunicación es un acto netamente social, vinculado a un entorno, que tiene lugar entre sistemas con capacidad auto-referencial. Conciencia y comunicación son elementos vinculados y co-dependientes.

En esa misma dirección, en el propósito de comprensión del actuar social, se incorpora el concepto de relación social. Previo a las discusiones contemporáneas de marcada inclinación sistémica,Max Weber había aportado definiciones en ese campo. Por tanto, la relación social es una conducta signada por la pluralidad, la reciprocidad y fundamentalmente la probabilidad de que las partes actúen en un sentido establecido. Las expectativas y los fines orientan la activación y desarrollo de las mismas, diferenciándose relaciones sociales transitorias de las permanentes. Sobre estas nociones Weber enfatiza la existencia de contenidos que confieren orden y validez a las relaciones, a partir de las cuales se desarrollan nociones básicas para las ciencias sociales. Para efectos de comprender la vinculación con la responsabilidad social, se toman de Weber  los siguientes conceptos:

  • Comunidad es entendida como una relación social en aquellos grupos en los que “la actitud en la acción social en el caso particular por término medio o en el tipo puro se inspira en el sentimiento subjetivo (afectivo o tradicional) de los participantes de constituir un todo” (p.33).
  • Sociedad: Es una relación social “cuando y en la medida en que la actitud en la acción social se inspira en una compensación de intereses por motivos racionales (fines y valores) o también de una unión de intereses”. Descansa en un acuerdo o pacto racional por declaración recíproca (p. 33).

La diferencia clave se encuentra en la intención y cálculo que diferencia a la sociedad de la comunidad, con una implícita necesidad de creación de un orden que permita su existencia y operación. Mientras que la membrecía o adhesión a una comunidad, por ser de índole afectiva, da a entender que se puede formar parte de la misma sin estar consciente de esa pertenencia, ni de los fundamentos que la promueven. Simplemente, nace del deseo de estar dentro de un espacio social con identidad diferenciada. En ambos casos, se trata de relaciones sociales.

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Ejemplo de un mapa de stakeholders o grupos de interés para una empresa industrial venezolana, a partir de la alta complejidad de sus relaciones y la dinámica de las fuerzas influyentes

Desde otro punto de vista, Morin (1996), desde el paradigma de la Complejidad o pensamiento complejo establece que las relaciones ocurren en dos maneras: entre las partes de un sistema, o entre los sistemas en sus relaciones mutuas (y por tanto como parte de un metasistema referente). En cualquiera de ambas se puede optar por describir a las partes de un sistema como subsistemas, o identificar un sistema de alcance mayor o metasistema que englobe a las organizaciones interactuantes (un holding empresarial, por ejemplo y sus respetivas “filiales” o divisiones productivas). Las relaciones se fundamentan en los procesos de intercambio inter-organizacional y, de acuerdo al bucle tetralógico característico del paradigma de la complejidad, constituyen las interacciones que, según el momento, actúan dentro de un caos o de un orden. Desde el punto de vista biológico, las mismas son vistas como campos de permanente afectación entre estructuras conectadas.

 

De igual modo lo explica Maturana (1990) en el estudio de las interconexiones entre los individuos –de las cuales van dando lugar a la conformación de relaciones según su tendencia a la reproducibilidad– la conducta es definida metafóricamente como danza de relaciones externas o “los cambios de postura o posición de un ser vivo, que un observador describe como movimientos o acciones en relación a un ambiente determinado” (p. 92). Por lo que las relaciones son posibles en el ser de la organización–sistema, y éste, a su vez, es tal en tanto sus partes interactúen entre sí.

Siendo así, mediante el relacionar –o religar– al estudiar sistemas con un alto componente humano y describirlos como campos unificados, el observador tendría que valerse de preguntas tales como: ¿Cuáles son esos elementos que generan coincidencia? ¿Se dan en forma natural o inducida? ¿Qué incidiría para que las interconexiones sean más recurrentes, y más aún, para que se activen? La realidad relacional opera entre el individuo y los otros y desde la mirada de la física cuántica, coexiste entre ellos una dinámica permanente, con infinitud de posibilidades de movimientos entre las partes, así como de influencia que las mismas ejercen entre sí.

Las relaciones muestran las consecuencias de los procesos de transmisión de información intrínsecos en la comunicación (ya descrita desde su función de inducir perturbaciones con potencial transformativo). Esto puede complejizar aún más la descripción de una relación como un todo, en la medida en que se identifiquen en las inter-relaciones procesos de mediación entre las partes, con efectos o consecuencias en terceros y en el sistema o todo. Para entender la posibilidad del acoplamiento social efectivo ­– uno de los ejes conceptuales intrínsecos a la responsabilidad social ­– es pertinente el modelo de alineamiento social de Austin y Reficco (2005), especialmente en la identificación de actores sociales para la construcción de alianzas.

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Los actores sociales configuran un conjunto extendido de sistemas relativamente autónomos que se diferencian entre sí

 

La comprensión del concepto de actor social tiene estrecha vinculación entre el pensamiento complejo y la intersubjetividad de los sistemas sociales. Vale hacer referencia al modelo de Leonardo Shvarstein (2003) sobre Inteligencia Social, definido como conjunto de competencias necesarias para el cumplimiento de la responsabilidad social de las organizaciones (p. 68), sitúa al sujeto como el centro de la acción en vez de la organización (empresa o institución):

“Si un individuo es socialmente inteligente, pero el contexto organizacional no está orientado al cumplimiento de la responsabilidad social, la única forma que tendrá de desarrollar su potencialidad será como actor, actuando por propia elección y no como personaje en el cumplimiento de las demandas sociales de su rol” (p.70).

En este planteamiento cabe la potestad del ser en acción trascender o sustraerse de un papel asignado (o aceptado), plegándose a su condición primigenia de actor social. Por lo cual la acción mandatoria organizacional (en el caso de una institución pública fuertemente impregnada de doctrina político-partidista) no es un espacio limitante para quien asuma conscientemente el vínculo entre su capacidad transformadora y su accionar social. El desarrollo de redes socialmente inteligentes se centra en las competencias del individuo, tal como se observa en la Tabla No.1.

Tabla 1. Competencias integradoras de la inteligencia social

 Competencias

Intrapersonales

Competencias

Interpersonales

  • Conciencia de sí: conocimiento de la propia condición social, de cómo uno llegó a ella, de cuáles son las propias necesidades sociales.
  • Autorregulación: restitución del equilibrio en caso de alteración en la satisfacción de esas necesidades.
  • Motivación: orientación a la satisfacción de las propias necesidades sociales.
  • Pensamiento sistémico: posibilidades de relacionar las necesidades sociales de los distintos actores en un mapa causal que las integre con otro tipo de necesidades (económicas, políticas, culturales), promocionando la sinergia social.
  • Empatía: identificación con las necesidades sociales de los otros; reconocimiento de la satisfacción de las necesidades sociales como explicación de la conducta de otros.
  • Influencia: movilización de las personas hacia la satisfacción de necesidades propias y ajenas.
  • Resolución de conflictos: actualización en situaciones de confrontación derivadas de la satisfacción de necesidades sociales, tendiendo a promover relaciones de cooperación para tal fin
  • Comunión: establecimiento y favorecimiento de lazos sociales solidarios.
Tomado de: Schvarsrtein, L. (2003). La Inteligencia Social de las Organizaciones. (p. 81)

Estos dos ejes de competencias –intrapersonales e interpersonales–  representan la integración del autor del modelo de Daniel Goleman  sobre inteligencia emocional junto con los de otros autores en el campo cognitivo y sistémico.

actor-social-2En el caso del emprendedurimo o emprendimiento estos conceptos son significativamente relevantes, dado el peso que tiene la identidad y auto-referencia en la noción emprendedora para quien decide “ser parte de” una corriente social de individuos con vocación empresarial, aún sin haberse reunido nunca, físicamente, con sus pares.

En cualquier caso, bajo esta perspectiva se propone el entendimiento del sujeto en su complejidad cognitiva y la multiplicidad de su vida social. El nexo con el Otro es vital, especialmente por el sentido que confiere a las relaciones que construye y los grupos/conceptos a los cuales, temporal o permanentemente, se identifica como parte de los mismos, por encontrar afinidad y semejanza.

 

[1] En la producción de situaciones históricas Reyes no se refiere a la duración de una actividad, o de un hecho. Es preciso identificar en ella un ser-para-sí (nosotros-sujeto) y su correspondiente ser-en-el-mundo (intervención en el mundo).
[2] En Luhman la sociedad es vista como un conjunto de sistemas que compartirían un entorno común: el Sistema social, el Sistema psíquico, el Sistema máquina y el Sistema vivo, que conforman –a nivel “societal” – un entorno macrosociológico de creciente complejidad. De acuerdo a la explicación de González (2007) esa perspectiva de influencia cibernética, a mayor nivel de desarrollo de los distintos sistemas sociales, mayor tiene que ser su diferenciación para desenvolverse socialmente, con el objetivo de permanecer, adaptarse, reproducirse y evolucionar al interior de un entorno que –por decirlo de alguna manera– los desafía.

 

 

 

 

¿De qué hablamos cuando decimos RSE?

 

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** La confusión entre cumplimiento de la ley y el libre acto solidario, desinteresado, a favor del prójimo, es usual al hablar de Responsabilidad Social. Se es “buen prójimo” porque así lo predican las religiones y lo dictan las regulaciones formales, o también porque conviene adoptar esa actitud y mostrarla al mundo. No hay un motivo específico para adicionar dosis de responsabilidad social a las estrategias de una organización empresarial. Lo interesante es entrar, sin reparos, en el campo y tomar decisiones en la perspectiva a adoptar para convertirla en prácticas coherentes entre sí, con sentido de sustentabilidad y transversalidad social. 

La Responsabilidad Social (RS) es un término que abarca el diálogo interdisciplinario y reviste una dualidad táctica-estratégica para las organizaciones y los sujetos involucrados. Desde una perspectiva sistémica y orgánica representa un paradigma emergente, especialmente en la gestión de los negocios, y adopta la denominación Responsabilidad Social Empresarial (RSE), con una orientación integradora de la tradicional dimensión económica/rentista con la dimensión social, ética y ambiental. Implica la visión de la empresa como un organismo viviente, en pugna por su evolución y supervivencia dentro de un entorno signado por múltiples realidades. Esa perspectiva es válida para otras organizaciones (con o sin propósitos de lucro), al coincidir en la necesidad de adoptar modelos gerenciales que aporten significativamente a la continuidad y crecimiento de su operación. La responsabilidad social, vista como modelo central o auxiliar para la gestión estratégica institucional, se asume como un factor facilitador para dicha autopoiesis organizacional.

Hay multiplicidad de variantes, enfoques y disciplinas co-existentes en su conceptualización, sin llegar a establecerse una “Teoría de la Responsabilidad Social”, pero que convergen en un espacio temático en el ámbito de las organizaciones –fundamentalmente empresariales– en su dimensión social incluyendo su sentido del deber ser, del buen actuar y el bien común. La mayor parte de las corrientes  prefieren hablar de “Responsabilidad Corporativa”, “Ciudadanía Corporativa” o “Desarrollo Sostenible” (o sustentable),  y más recientemente, “Progreso Social”.

Consecuencia o no de la postguerra y de los replanteamientos que paulatinamente se comenzaron a ventilar tras las extremas agresiones –masivas o individuales– al ser humano y por el ser humano, la Responsabilidad Social tuvo lugar a principios de los años 50. Ocurrió en el contexto de la Ética de los Negocios[1] Sin embargo, la práctica del patrocinio y del apoyo a terceros es tan antigua como la humanidad, con referencias visibles en Grecia, mediante la práctica del mecenazgo.

La evolución de las teorías de las ciencias sociales y la comunicación, han impulsado transformaciones en la praxis de las organizaciones, especialmente los negocios, en su dimensión social y humanística. La intención común en los impulsadores de la responsabilidad social es trascender la dádiva y el mecenazgo para establecer avanzadas formas de interacción con los públicos de la organización, tanto externos como internos. En casos de alto desarrollo en este ámbito se observa la conceptualización e internalización de una filosofía corporativa sustentada en la voluntad de generar valor agregado a la sociedad, con permanencia en el tiempo, tal como lo es la senda “kyosei” de la empresa Canon (Kaku, 2006). En esta filosofía corporativa en la organización ha permeado un espíritu de retribución a la sociedad, que trasciende su eficiencia financiera y la calidad de sus productos. Este planteamiento involucra diferenciar dimensiones como la derivada de la función económica (producción, empleo, crecimiento económico, por ejemplo); la atención al cambio de valores y prioridades sociales como la conservación del medio ambiente, las relaciones laborales, información a los consumidores; y las acciones de cambio social en atención a problemáticas del entorno, especialmente la pobreza. Las demandas sociales a su vez varían según los contextos y los tiempos, así como la forma en que las empresas entienden su compromiso y su rol de ciudadanos corporativos. Además la necesidad de hacer más viables los procesos, permiten la creación de sistemas de monitoreo y medición.

El papel de los actores sociales y las organizaciones asumidas como, por ejemplo, la empresa,  asumida como ente con vida propia que interactúa con otros teniendo como plataforma el sentido económico de la acción, es lo que caracteriza esa perspectiva de la RS. Las estrategias en responsabilidad social abarcan el dar, enseñar y aprender, o el cooperar. Sea cual sea la (o las) vertiente(s) de la RS que seleccionen y muestren las empresas latinoamericanas, ha ido creciendo el interés por entender que la supervivencia de las mismas amerita una profunda reflexión ética. En su proceso de establecer una filosofía, y un modelo propio de gestión de la RSE, las empresas cuentan con diferentes enfoques y propuestas e iniciaron un proceso de unificación de visión a partir de las “Metas del Milenio”, establecidas por las Naciones Unidas (PNUD) o con propuestas como el modelo de gestión “United Nations Global Compact” y el “Libro Verde” de la Unión Europea.  El avance en la necesidad de escucha e integración de las necesidades entre Estado, empresa y sociedad civil allanó el camino para la evolución hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2015-2030 y el Índice de Progreso Social [2].

La responsabilidad social como concepto

Una definición bastante aceptada y validada es la que proviene del “Libro Verde” elaborado por la Unión Europea (2001) y que dice: “La responsabilidad social de las empresas es, esencialmente, un concepto con arreglo al cual las empresas deciden voluntariamente contribuir al logro de una sociedad mejor y un medio ambiente más limpio”.

La segunda definición pertenece a la socióloga venezolana Charo Méndez (2003), quien expone que la Responsabilidad Social Empresarial hace énfasis en lo estratégico; así como en la gestión de relaciones y ganancias equilibradas, justas y recíprocas, con compromiso ante la sociedad. Es una orientación conectada con la Teoría de los Stakeholders divulgada por Edward Richard Freeman en 1984, que los define como “cualquier grupo o individuo que puede afectar o ser afectado por la consecución de los objetivos de una empresa” (Freemann citado por Argandoña, 1998) tales como trabajadores, comunidad, proveedores, gobierno, sociedad, gerentes, propietarios, entre otros. Una tesis extendida es la de Rosabeth Moss Kanter (1995) sobre la coordinación inter-sectorial para la revitalización de las ciudades, con sus posteriores adaptaciones o integración en proposiciones en el ámbito del diálogo social. En ese campo integrador de estrategias organizacionales e interconexión social, es relevante la metodología para la construcción del alineamiento entre actores sociales (Austin y Reficco, 2005) a partir de sus valores, estrategias y misiones. Esta encauza la discusión hacia la colaboración intersectorial, con una necesaria combinación de  amplitud y profundidad en las iniciativas y vínculos, que representa una variante en la aplicación del principio de Gregory Bateson sobre la necesaria búsqueda de la pauta que subyace y conecta a los miembros de un sistema. Se evidencia y hace presente la comunicación al subyacer la necesidad de intercambio, el relacionamiento, la mediación, en los procesos requeridos para la creación de confianza, el entendimiento y la acción coincidente, afin.

La teoría “Creación de Valor Compartido” (Creating Shared Value) de Michael Porter y Mark Kramer (2011) pretende ser, según sus autores, la evolución de responsabilidad social y el desarrollo sostenible, al resituar el sentido de ser de las empresas y enfatizar en la integración de los agentes que intervienen en el circuito productivo. Tal modelo coincide con el concepto “kyosei” de Kaku, acerca de la creación de valor con una perspectiva de proximidad e imbricación con otros actores sociales. Se manifiesta un sentido de aporte a la sociedad a través de lo que se hace y una visión de evolucionismo y trascendencia corporativa.

 

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El nexo con la comunidad, desde el concepto de ser “buen vecino” es uno de los ejes de acción más recurrentes en la RSE, 

En Venezuela los profesores Víctor Guédez (2006) y Emeterio Gómez (2005 distinguen a la eticidad y la noción de Responsabilidad Moral como algo necesario e implícito en una empresa, incluyendo los individuos que la constituyen ¨El rasgo específico que distingue RME de la RSE es que la conducta moral sólo aparece cuando está de  por medio un esfuerzo, costo, sacrificio o reducción de la ganancia¨ (p.42). El eje moral  es el sentido último del quehacer empresarial, como un deber ser intrínseco a su rol de agente de cambio –y desarrollo– social desde la dimensión económica.

Lo anterior se inserta en la dimensión transformacional de la Responsabilidad Social. Las organizaciones –compuestas y lideradas por personas–, consciente y determinadamente exploran su misión y visión con la intención de dar cuenta a la sociedad de lo que puede retribuirle, a partir del sentido o justificación de su existencia, inician un proceso de revisión y probable transformación de su ser organizacional. Esto repercute en cambios estratégicos, estructurales, culturales y procedimentales, incluyendo la revisión o consolidación de su identidad, y sobre todo, en modificaciones sustanciales en la interconexión de la organización con la sociedad, y en la co-creación de nuevas realidades con sus públicos.

Otros autores han seguido –y probablemente seguirán– proponiendo definiciones y delimitaciones para la responsabilidad social, con variantes de las ideas centrales y situándolas entre dos extremos: pragmatismo gerencial-reflexión humanista. En líneas generales los temas que componen a la responsabilidad social involucran el constructivismo en la comunión social (acuerdos, alianzas y pactos para la formulación y viabilidad de un proyecto societal entre actores y organizaciones); redimensionamiento de la empresarialidad: emprendimiento social  y el mercadeo social; sistemas integrados de gestión para la productividad y la cualificación confiable (normativización, evaluación y estandarización mediante indicadores) comunicación y documentación. Hay también un pensamiento pro-legado generacional (ecoeficiencia) influido por el Principio de Responsabilidad del pensador  Hans Jonas (1995) con prácticas concretas; y finalmente, el cultivo de la ética y el desarrollo humano.

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Más allá de la precedente breve revisión del término, en su trayectoria y vertientes, el concepto que definimos para la RSE es acto voluntario, consciente y estratégico de una empresa, materializado en prácticas y fundamentalmente a través de la intersubjetividad, cuya consecuencia última es la trascendencia en el tiempo, con base a un esquema de ganancia compartida y de correspondencia ética con la sociedad. Visto así, este planteamiento involucra un alto contenido de espiritualidad, cuyo punto de partida es  el individuo activamente consciente de su obrar y de sus lazos de implicación como participante de un sistema. La responsabilidad social combina elementos de subjetividad –incluyendo el sentido del emprendimiento, autonomía, auto-comprensión y conciencia de sí–, de estrategia, y de elaboración de posturas para el ejercicio de roles y funciones sociales, más allá del liderazgo y ejercicio del poder. En esto último, es notoria la diferencia en las perspectivas y significatividad de la acción social y la ética empresarial, entre el desempeño de los individuos que ocupan los puestos de mando en una empresa (bajo un significativo acuerdo contractual) y el comportamiento del fundador-director de un negocio. El nivel del compromiso afectivo con la trascendencia del negocio es sustancialmente distinto en ambos casos, y ello influye en la relevancia que adquiere la gestión organizacional.

El papel de los actores sociales y las organizaciones asumidas como, por ejemplo, la empresa,  asumida como ente con vida propia que interactúa con otros teniendo como plataforma el sentido económico de la acción, es lo que caracteriza esa perspectiva de la RSE.

[1] Existen diferencias de opinión en cuanto al nacimiento del término, que incluye precedentes en Estados Unidos desde finales del siglo XIX con la actitud de los dueños de grandes fortunas hacia la caridad y la filantropía. Lo cual se hizo más visible en los años 50 con la obra de Lozano, la discusión sobre el rol de las empresas a partir de las  ideas de Milton Friedman, aunada a la creación de incentivos tributarios para la caridad. Poco después se inició una corriente en el mundo de los negocios con la actitud manifiesta de empresarios como Thomas  Watson y David Rockefeller. En la misma época se comenzó a sentir la influencia de la ciudadanía con cuestionamientos hacia las empresas involucradas en la Guerra de Vietnam y otros conflictos de índole político y social como el Apartheid.

[2] El Progreso Social fue definido por los autores de dicho Índice como la capacidad de una sociedad para satisfacer las necesidades humanas básicas de sus ciudadanos, establecer las bases sólidas que permitan a los ciudadanos mejorar su calidad de vida, y crear las condiciones que permitan que todos los individuos y comunidades alcancen su máximo potencial (Green, 2014). Se sustenta en un modelo que pretende trascender el PIB como medida de desarrollo y se estructura en tres grandes componentes: necesidades humanas básicas, fundamentos para el bienestar y oportunidades. Fue concebido para ser aplicado inicialmente a los países, aunque se ha ido extendiendo como base para medir el progreso de territorios menores, especialmente ciudades, y en consecuencia, orientar las estrategias, planes y políticas públicas a seguir.

 

 

 

¿Es la Responsabilidad Social Empresarial una versión contemporánea de la salvación?

En las cimientes más remotas de la responsabilidad social se encuentra el ancestral anhelo humano de salvar al otro y ganarse así “el Reino de los Cielos”. Tal actitud es de innegable nobleza y aceptación, sin embargo, las buenas intenciones y los credos que imponen una visión única del bien común,  pueden convertir a la “salvación del otro” en  la base de dogmas y prácticas inflexibles con potestad de encauzar, calificar y hasta penalizar la acción de una persona, un grupo, una institución o una sociedad entera.

 

 

20111231_222303_resized ¿Es la responsabilidad social una práctica que asume e implica una necesaria revisión de la sociedad en su condición humana y una forma de regresar  la mirada hacia una antigua filosofía?

Vale acotar que definimos Responsabilidad Social Empresarial o RSE como un acto voluntario y consciente de una empresa, volcado en prácticas y fundamentalmente en el relacionar, y que su consecuencia última o meta final es el bien común, la ganancia compartida. Lleva consigo un contenido de espiritualidad, cuyo punto de partida es el ser humano autónomo, consciente de sí mismo y su responsabilidad individual. Planteamiento reiterado por el profesor Emeterio Gómez en sus constantes referencias hacia la ética y el capitalismo solidario.

Michel Foucault en “Hermeneútica del Sujeto”, se ocupó de ahondar en los elementos que definen la cultura o “tekhne de sí”, con especial énfasis en la espiritualidad entendida como un proceso transformador e individuante. Se concibe como “la búsqueda, la práctica, la experiencia por las cuales el sujeto efectúa en sí mismo las transformaciones necesarias para tener acceso a la verdad”[1]. En forma tangible se identifican como signos de ese proceso al conjunto de prácticas y vivencias como purificaciones, ascesis, renuncias, las conversiones de la mirada, modificaciones de la existencia, entre otras, que de alguna manera son un precio a pagar en la búsqueda de  ese santo grial llamado verdad. Y ésta es  entendida y aceptada como el “algo” o “meta” que ilumina y brinda tranquilidad al alma. Siendo esto último un estado máximo de bienestar interior entonces el ocuparse de sí mismo- y todo lo que conllevaba- era una labor justificada por el afecto hacia sí mismo.

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Michel Foucault

Como momento histórico esa cultura de atención al desarrollo espiritual del hombre por el hombre mismo, tuvo lugar en los siglos I y II D.C, aunque con referencias y revisiones a planteamientos precedentes, como el socrático –con el Alcibíades- y los primeros estoicos, impulsadas además por el epicureismo, cinismo y neoplatonismo. En el debate de aquel entonces se hallaba entre la necesidad humana de reafirmación del individuo como tal y para sí mismo, y la de fortalecimiento y desarrollo para que en consecuencia las sociedades mediterráneas contaran con suficientes recursos –en este caso, humanos- que les posibilitara su permanencia y salvación.

¿Se  trataba entonces de ocuparse de sí por derecho propio al desarrollo humano, o por corresponder a una necesidad colectiva de Convivencia y sentido del Otro en la Responsabilidad Social ?

Para comprender el nexo entre cultura de sí y salvación

En esta cultura fue fundamental el elemento “salvación” o “soteria”, entendida como la meta  última, o logro, a alcanzar luego del proceso de la conversión del yo, agenciado por él mismo, pero con tutelaje de un maestro. La relación consigo mismo, la mirada hacia adentro y su propia vida, era lo más importante. Aplicaba tanto en la salvación del si mismo como en la de otros y su precedente  estuvo en las raíces órficas de la escuela pitagórica.

La acepción de salvación era diferente a lo que posteriormente la doctrina cristiana tomara como eje de su discurso, y su posterior arraigo como la imperiosa necesidad de consagrar la vida al combate de todas las posibles desviaciones del camino. La recompensa era muy clara: la vida eterna en el reino de los cielos. Esto condujo a plantear la vida del ser humano con un drama contra la muerte y contra elementos como las transgresiones, los pecados o las caídas (declive del ser); además del reconocimiento de la necesaria existencia de otro como objeto receptor y certificador o testigo, por así decirlo, de que se merecía la salvación.

En la cultura de sí el término “Sozein” abarca el salvar tanto a sí mismo como a los otros, sin connotación negativa. Hacerlo era construir el camino para resolver seis tipos de necesidades tales como:

 

  1. Liberación de un peligro. Se da en esta una función anticipativa en la que alguien con mayor conocimiento o saber, distingue esa amenaza en la vida de un otro y el cómo debe hacer para evitarlo.
  2. Preservación del recinto, resguardo del alma. Era un acto de blindaje a través del cuidado del cuerpo físico, como una barrera protectora para impedir la perturbación del la interioridad por acción de agentes externos.
  3. Conservación de un atributo o recuerdo valioso. Se procuraba una asepsia espiritual para eliminar cualquier posibilidad de alteración de una virtud natural o desarrollada en el individuo, como el pudor.
  4. Evasión o escape, tanto de un espacio o una situación para evitar una sanción legal. Se buscaban elementos que permitieran al individuo demostrar inocencia, ausencia de culpas.
  5. Sobrevivencia y subsistencia del statu quo. Se persigue mantener el estado primigenio de un ente, un rol de autoridad e incluso, de un grupo social, para evitar su pérdida.
  6. Mecanismo para hacer el bien. Alude al principio del procurar bienestar, tanto de alguien, como de un algo o una colectividad

Por lo cual hablar de la salvación de un alma era hacer mención a un grado de realización que permitiría actuar en el momento necesario, sin pérdidas y con la intención de nutrir el acto de vivir: “un alma se salva cuando está convenientemente armada, cuando está pertrechada de forma tal que puede, en efecto, defenderse llegado el caso. Quien se salva es aquel que encuentra en un estado de alerta, en un estado de resistencia, en un estado de dominio y soberanía de sí que le permite rechazar todos los ataques y todos los asaltos”.  Es decir, es prepararse, crear un capital emocional y una estructura que permitiera defenderse en casos de posibles conflictos o incidentes que pudieran afectar o distorsionar un estado de equilibrio interno.

Pero lejos de ser la salvación un acto de compromiso único del yo con el yo, también era un puente a la salvación de otros, mediante el lazo de implicación esencial. Este postula que el ocuparse de sí mismo permite en consecuencia, ocuparse de los demás; y además complementa el rol de otras dos clases de lazos (de finalidad y de reciprocidad) que validan el valor social de la tecnología de sí.

La vinculación de la salvación de sí con la práctica social tenía distintas aproximaciones. Para los epicúreos la práctica de sí tenia sustento en la amistad, vista como algo deseable en sí misma y no por su componente utilitario. Se ejercitaba como una forma de construcción de relaciones,  a través del equilibrio entre la confianza, lo recíproco del intercambio y el aporte hacia las partes en su esfera personal y hacia la amistad en sí.

En el neoplatonismo se muestra a la salvación de los otros como una recompensa complementaria, o valor agregado, derivada del trabajo sobre sí mismo. La práctica de sí fortalecía el alma y creaba bases para el actuar a favor del otro cuando el momento lo exigiese. Mientras que en el caso de los estoicos se establecía una  concepción del hombre como ser comunitario, sustentado en el “Lazo Providencial”, entendido este como el hecho de que el hombre anda tras la búsqueda del bien por disposición de un orden natural o providencia. Pero que además de esto el hombre fue dotado de capacidad reflexiva, y que esta le permite discernir en cuanto  a lo que depende y no depende de él.  Ocuparse de sí en forma correcta entonces le permite cumplir con los deberes que le corresponden en sus nexos dentro de la comunidad humana. “…es la inquietud de sí la que, en nosotros mismos y a título de consecuencia, debe producir, inducir las conductas mediante las cuales podemos preocuparnos efectivamente por los otros. Pero si comenzamos por preocuparnos por ellos, todo está perdido”. [2]

marco-aurelio El pensamiento de Marco Aurelio evidencia lo que implica ejercer un cargo de autoridad. Lejos de inducir al alejamiento de la práctica de sí, lo refuerza. Ocupar una función pública conlleva un actitud contemplativa y circunstancial en la que el rol que se ejerce- en este caso el de Emperador-  se asume como una labor más del sujeto. Y éste procura, en primer lugar, hacer el bien lo que le compete a si mismo – como el oficio que desempeña- siendo lo que se es como ser humano. Es decir, ocuparse de sí abarcaba ocuparse de sus roles y el dominio de su emocionalidad, especialmente del efecto sensorial de los acontecimientos externos en para poder manejar las impresiones que promovían en el individuo. Ese trabajo sobre sí, permitiría al hombre un mejor desempeño como gobernante, y en consecuencia, en cómo su incidencia en la vida de otros.

 La responsabilidad individual como eje para la salvación social

La salvación del grupo social, visto el término desde manera, parte entonces del sujeto que se ocupa de sí mismo, como el empresario, especialmente cuando sus decisiones y acciones afectan contundentemente el destino de otros. Esa es una virtud pero también un gran riesgo, cuando se interpreta tal implicación,  de una forma sesgada o altamente parcializada.  Vale para cualquier actor social. Al no existir una noción concreta y universal del concepto “socialmente responsable” –bien sea como individuo o como organización- estamos infiriendo que se trata de un nuevo impulso hacia el encuentro de una “verdad”, a la cual no han dado respuestas completas los intentos de mostrarla o “revelarla”. Tan solo que se sigue expandiendo como una necesidad social de validación mediante el dar cuenta de los actos solidarios o filantrópicos, a la cual se le busca conceptos y métodos que validen a un ente como socialmente responsable.

Es por ello que insistimos en conectar conciencia individual y responsabilidad social, partiendo de la responsabilidad individual. Los actores y organizaciones sociales más allá de sus recursos y destrezas involucran intercambio entre seres humanos. Una empresa, por ejemplo, es un organismo con vida propia, pero compuesto por otras células llamadas individuo que en su carácter autopoiético [3] se configura y preserva a si mismo en el intercambio con sus pares, ya sea consciente o inconscientemente y con incidencia en los grupos sociales y contexto con el que está vinculado.

En la búsqueda y pretensión de crear verdades absolutas bajo la interpretación de la responsabilidad social (y sus variaciones o prácticas afines) pueden dar nacimiento a doctrinas inflexibles, con sus componentes anexos: confesionarios, tribunal acusador y expiación de culpas. La cultura de la ocupación de sí terminó siendo suplantada por dogmas religiosos, con distintos ejemplos y momentos de radicalidad.

Hoy en día vemos que cuando tras una noción personal de salvación (propia de o de los suyos) se agregan deficiencias de autoestima o capacidad para el discernimiento, es muy peligroso. El fanatismo y la seducción bajo ideales de salvación pueden conducir, como lamentablemente hemos visto, a fatales agresiones contra el prójimo.

Abordándola desde su imprescindible dimensión ética, la RSE guarda visos con el eterno anhelo de la salvación, sumándole un check list de normas, parámetros, reglas, códigos y certificaciones. Y todos son necesarios para avanzar en el mejoramiento  o evolución de la gestión, por muy noble que sea la causa. Sólo que en la otra cara de la moda vale presente la vida humana como centro en el concepto del bien común, a partir de la oportunidad de acceder a “la verdad”. Y ésta implica contar con acceso al ser, lo cual es una labor personal. La conciencia de sí es la ganancia última de la práctica de sí y ésta, a su vez, es la piedra base de la responsabilidad individual la cual en su vínculo o convivencia con sentido del otro, configura al ser humano socialmente responsable.

@xiomarayamil

 

[1] Foucault, Michel. “Hermenéutica del Sujeto. Curso en el Cöllege de France”. Fondo de Cultura Económica. México. 2002. Pág.33.

[2] Foucault. P.198.

[3] Término derivado de autopoiésis, de Humberto Maturana que enuncia la hombre como una unidad auto-eco-organizada. Es un sistema de cierres, aperturas e intercambios, incluyente y excluyente, con dualidades y dinámicas interiores de antagonismos, complementos y conjunciones entre las distintas dimensiones de sí, y que abarcan el antagonismo racionalidad-afectividad. Esto le confiere un carácter complejo y dinámico a su personalidad sin disolver su identidad, sino enriquecerla mediante el ejercicio de sus roles y sus interacciones con el entorno y consigo mismo, mediante su Yo unificador.  Así los roles se configuran y religan entre sí, como parte de esa organización autopoiética y autónoma que es un ser humano, de la misma manera como lo son todos los seres vivos.

 

¿Cuál es el rol del comerciante en la transformación de un país?

El empresario dedicado al comercio, especialmente el minorista, desarrolla un particular sentido de la acción social, dada su permanente convivencia con sus múltiples realidades, cotidianas o no. La exploración de ese terreno, a través de un estudio realizado, nos permite ofrecer la comprensión la conexión entre responsabilidad social, la individual y moralidad a través del comerciante venezolano y proponer bases para la transformación de una sociedad

Para responder a esa pregunta en primer lugar es necesario recurrir a los orígenes de la humanidad y situar al comercio como un espacio para el intercambio, en el cual convergen factores de orden psicológico y moral, además de un sentido de convivencia. Comenzando por la génesis del movimiento estoico hasta la consolidación del movimiento whig, la figura del comerciante ha ocupado un rol mediador o protagónico en la formación, crecimiento y evolución de las sociedades, en distintos ámbitos o dimensiones, incluyendo el pensamiento místico o religioso.

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La fuerza movilizadora del comerciante cooperó para que la humanidad saliera de 6 siglos de estancamiento, durante el Medio Evo, al impulsar una economía de intercambio y crecimiento

Actualmente el comerciante, visto como actor en la complejidad de un sistema social, ofrece la oportunidad de mediar e incidir en la consolidación de valores democráticos y la evolución de la sociedad, a través de la lógica del individuo en plena “conciencia activa” (término insistente en la obra de Emeterio Gómez) ante sus realidades y en su inter-conexión con el prójimo. Vale en cualquier contexto, aunque en Venezuela, se convierte en una necesidad aún mayor, en situaciones de alta convulsión y conflictividad, precisamente por ser blanco potencial de los actos donde el ser humano rompe con el civismo.

Para comprender mejor la idea es necesario asumir al comercio, principalmente el minorista, como un espacio cotidiano de intercambio social, de transacciones continuas, recurrentes entre seres humanos  Si ese proceso, aun siendo altamente pragmático, tiene como componente la conciencia de la alteridad, entonces es posible la convivencia social. El sentido intrínseco a esta noción es indispensable para la cohesión y la identificación como miembros de una misma especie, evitando constructivamente en el mediano y largo plazo el colapso social. El comerciante –entre muchos otros agentes sociales– puede agenciar ese cambio, dada su capacidad de ser lo que en ciencias sociales se denomina “observador participante” y de ser al mismo tiempo, procurador de relaciones equilibradas.

Desde principios del nuevo milenio, en distintos momentos y contextos, se ha hablado de un nuevo capitalismo, llámese consciente, solidario, espiritual, humanizado o cualquier término afín. El empresario dedicado al comercio probablemente puede entenderlo antes que los demás tipos de empresarios, porque implica un acto humano, cercano al “ciudadano de a pie”. Para él, la relación con el otro, no es casualidad u obligación, es la “sal” que da gusto a la labor del día:

 Lo que más me gusta más la relación con el cliente, con la gente, a mi me encanta estar en el mostrador y atender a un cliente, solucionarle un problema. No sé.. me encanta.. Me gusta muchísimo más”.

Del comercio nació el liberalismo, la moneda, el mercado, el derecho a la ciudadanía aun sin la propiedad de la tierra. Un comerciante conoce o intuye el impacto, la trascendencia de su negocio en un entorno socioeconómico local. Procura establecer el alcance de sus operaciones en un territorio, fundamentalmente por atribuirse el rol de principal o único proveedor de ciertas categorías de bienes básicos y otros suministros. Esto último le confiere roles simultáneos como observador y protagonista en la creación de valor social. Ocurre en él, aún sin hacerlo conscientemente, y se percibe claramente cuando conversa sobre sí mismo y dice cosas como:

Uno tiene que compenetrarse con el sector, o donde vives, o donde trabajas. Bueno déjame ir a ver a informarme qué es lo que están haciendo allí. Déjame ir a ver qué es lo que van a hacer..”

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Del falso al auténtico comerciante

Es abundante lo que puede decirse del sentido del concepto “comerciante”, además de diferenciar al “verdadero” del “falso”.  En la exploración que realizáramos sobre el tema, los empresarios de esta actividad, espontáneamente, facilitaron la distinción. Un “comerciante auténtico” es aquél actor social, dentro de esa actividad económica, caracterizado por ser líder en diferentes realidades y a la vez por ser ciudadano. Es decir, convive con su multiplicidad de roles.

Tal cualidad implica que se distingan en él, entre otros aspectos, algunos como:

  • Tiende a incentivar en un otro un sentido de identificación y de pertenencia hacia algún grupo de la sociedad.
  • Muestra un sentido de identificación con la comunidad en la que opera y motiva cotidianamente su hacer.
  • Va creando su propio sistema de creencias, transmisibles a un grupo.

Más allá de ello, se identifica en él una fuerte labor de conversión personal, con impacto directo o indirecto en el prójimo.

Un auténtico comerciante construye y transmite a su gente su propio credo:   “Creemos en el trabajo, en el esfuerzo, en la llamada otra vez al cliente, en la persecución, en la búsqueda. No, no en la persecución, en la búsqueda del cliente, el buen trato”.
 Acción con sentido de responsabilidad

Al igual que de la diversidad de sus roles como ser humano, de la función social del empresario del comercio, puede decirse que su alcance es múltiple. Desde su condición de agente económico se despliega a la de agente relacional, y desde allí, a la de agente de cambio. No sólo porque es propio de su condición el generar valor agregado en el manejo de los bienes y ampliar el sentido de utilidad en el uso del capital, sino también:

  • Asume riesgos y da ejemplo como emprendedor.ferretero 2
  • Moviliza actitudes y comportamientos sociales.
  • Tiene contacto directo con el “ciudadano de a pie”.
  • Se realiza en la interacción con otros.

Entonces, el comerciante dada su condición de actor social, es un sujeto que combina una vocación impulsada por ganancias, la elección personal, crear espacio para impulsar valoraciones, amplía su sentido de responsabilidad ante los otros, más allá de la familia y de sí mismo.

portada.libro.baja.resolucionTales ideas son desarrolladas con mayor profundidad y amplitud en el libro  El Comerciante Actor clave en la transformación social de un país (*), derivado de un estudio que realizamos para establecer posibles nexos entre Responsabilidad Social y Responsabilidad Individual. La lectura establece como hilo conductor la búsqueda, a modo de viaje explorador, la respuesta a la pregunta: ¿Es posible comprender la conexión entre responsabilidad social, la individual y moralidad a través del comerciante y proponer bases para la transformación social a partir de éste actor?

@xiomarayamil

 

¿Cuál es el rol del comerciante en la transformación de un país?

El espectro de las realidades empresariales y su relación con la transformación social

 

Las realidades múltiples, término aportado por la fenomenología, constituyen un espacio de comprensión de la acción social de un empresario, y permiten construir  un espectro de espacios en los cuales se activa, en distintos momentos, la responsabilidad social

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Así como se combinan en un sujeto una o varias las categorías como emprendedor socialmente responsable, también se mezclan variantes externas que inciden en cómo agenciar la transformación social y ejercer un rol de modelaje a terceros. Mientras más simple y puntual la acción, más fácil de transmitir sentido: el apadrinamiento de una beca estudiantil al hijo de un trabajador, por ejemplo. En el otro extremo, el empeño en crear una doctrina de creatividad e innovación permanente para hacer de la empresa una organización sostenible en el tiempo con productos que impacten positivamente en la sociedad (caso Steve Jobs y Apple) conduce a su vez a formas más elaboradas de comprensión.

Esa perspectiva sitúa a la Responsabilidad Social como una dinámica de interconexión con múltiples realidades, propias o de contexto, en un empresario, a partir de su propia mirada. Está directamente ligado a lo que Alfred Shutz, fenomenólogo y estudioso de lo social, denominó realidades múltiples. Éste concepto permite explicar los submundos que coexisten y se construyen en la mente de un individuo y que son dados como tales mediante complejos mecanismos de atención, selectividad y significatividad, que van generando los ejes de su propio universo. El dinamismo es una constante en la vida de todos, pero lo es más un sujeto altamente dedicado y volcado a hacer de su proyecto empresarial un pilar en su existencia.

De la comprensión del sentido que tiene para un empresario, como un ser humano cuyo actuar responde a una construcción de múltiples realidades, se desprenden orientaciones para la formulación de acciones sociales, que sean asertivas con los negocios bajo su dirección.  Ese ejercicio implica considerar que las operaciones trascurren dentro de un espectro de realidades empresariales que bien pueden solaparse o combinarse.

TIPO DE REALIDAD DEFINICIÓN ELEMENTOS
REALIDAD 

COMÚN

Sistema compuesto por variables afectan a todas las empresas por igual, en mayor o menor intensidad, por ser propios del mundo empresarial El País

  •  comportamiento macroeconómico
  •  clima político
  •  clima laboral
  • regulaciones
  • problemas sociales
  • opinión pública

Macro-tendencias mundiales

 

REALIDAD POR CATEGORIA Sistema de elementos comunes a las empresas en cuanto al alcance geográfico de sus operaciones, la dimensión de la comunidad interna, y la administración de normas y regulaciones.
  • Multinacionales
  • Nacionales
  • PyME
  • Microempresa
  • Informal
REALIDAD

SECTORIAL

Sistema de elementos comunes a las empresas del mismo ramo, sin importar tamaño y ubicación
  • Insumos
  • Regulaciones
  • Demandas contractuales
  • Procesos de producción
  • Talento calificado
REALIDAD PARTICULAR Conjunto de rasgos que distinguen a una empresa como una unidad diferenciada de otras que se desempeñen, o no, dentro de la misma actividad económica.

 

  • Identidad  e imagen
  • Grupos de interés
  • Clima interno
  •  Estructura administrativa
  • Códigos de relación humana
  • Operaciones
  • Resultados financieros
  • Comportamiento
REALIDAD GEOGRAFICA LOCAL  

Es el territorio (municipio o ciudad) y sus componentes, que se identifican como una zona de afectación recíproca, entre ésta y la empresa  (incluyendo sus partes y procesos).

  • Actores sociales
  • Cultura local
  • Hechos
  • Condiciones socioeconómicas
  • Infraestructura
  • Servicios
  • Condiciones ambientales
  • Dinámica política
REALIDAD

INTERIOR DEL INDIVIDUO

Componentes del mundo subjetivo intrínseco a cada persona involucrada en el desempeño de la organización.
  • Motivaciones
  • Convicciones
  • Ética
  • Tensiones
  • Actitudes

 

Fuente: (Zambrano, 2012)

La inserción o identificación de la acción social de una empresa  en alguna de esas categorías no es excluyente, ni secuencial. Como bien se mencionó anteriormente, sólo establece un punto de partida para la selección de focos en las estrategias de relacionamiento y acción social.  La conexión y el significado que para un empresario tenga una o varias de esas realidades marcan la pauta en la toma de decisiones vinculadas a la transformación social, a partir de un hecho simple o una iniciativa más estructurada.

De acuerdo a Shutz, el sentido es resultado, consecuencia, del acto posterior a la experiencia. Nace de la reflexión en el presente sobre lo pasado. La realidad se construye a partir de lo ejecutado en un tiempo específico, con intencionalidad. El sentido que tenga para un empresario un hecho social dependerá de su pre-concepción del mundo, la interpretación de lo que en él ocurre y la constante auto-referencia. Se suma a ello el factor ético, la conexión que haga de sí mismo con esa construcción del entorno y su red de relaciones. Dada la velocidad de los cambios en la sociedad de hoy, complejizan la comprensión. Pero es necesario para la combinación del deber ser en la gestión confiable y oportuna de la responsabilidad social empresarial.

La comunicación es clave como herramienta de modelaje en la transformación social, impulsada por un empresario. Independientemente de cuál es la realidad tomada como referente o base para su estudio y comprensión. El logro se obtiene cuando una acertada narrativa conecta con la filosofía, convicciones personales y muy especialmente acentuar el sentido de lo social tras una figura empresarial con cierta relevancia pública en su contexto y entre sus pares, derivada del éxito con sus negocios.

Convivencia y sentido del Otro en la Responsabilidad Social

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¿Dónde comienza la responsabilidad social? Ésta pregunta se hace más frecuente, cuando se trata de argumentar satisfactoriamente el bien actuar de una empresa. Pocas veces se inicia con la ubicación del término en la esfera del sujeto, del ser humano, de aquel hombre o mujer que día a día construye, decide y propone, ya sea para mejor o para detrimento de su propia especie.

Y es que más allá de las consideraciones metodológicas y de la aplicación de indicadores que técnicamente muestren la efectividad de los planes y las tácticas, subyace la condición humana.  Es la persona el eje o punto de partida para que una comunidad, ciudad o país alcance un nivel aceptable de capital social, caracterizado por una sana convivencia entre sus integrantes. Desde esa perspectiva en la responsabilidad es tan importante es la noción del sí mismo, como la del otro. Sin esa otra parte no tiene base el hablar de responsabilidad, y aunque suene a sentido común, el considerar el impacto personal de nuestras acciones en el otro, es algo que nos cuesta ver, internalizar y hacer.

Cuando el otro, especialmente si se trata de una persona y no de un colectivo, es algo o cosa a quien no reconocemos ni aceptamos como alguien tan legítimo como uno mismo, es poco lo que se puede abonar en la cuenta del capital social. En cambio, es mucho lo que se logra cuando en el espacio privado se comienzan a poner en marcha pequeñas prácticas, tal como lo hemos visto en la célebre película Invictus, cuando uno de los escoltas hace referencia a su compañero sobre el impacto en que tiene en él, la conducta del presidente Mandela, quien hizo que dejara de “sentirse invisible”.

Esto es posible en el terreno de lo personal, de lo urbano, de las empresas, porque somos seres cada vez más complejos. Es algo incongruente pregonar o creer, por ejemplo, que uno es socialmente responsable porque legalmente cumple los deberes y derechos, o porque forma parte de una empresa con una fuerte y pública acción social; pero en la esfera particular uno no trata a cada familiar con respeto y auténtico interés, sembrando desconfianza.

La responsabilidad del individuo puede conducir a la social, cuando sale de la propia valoración de las consecuencias de lo que uno hace –o deja de hacer- en la convicción de que existimos en un mundo cada vez más interconectado, cambiante y dinámico. Viene de la alteridad, de esa noción de que somos sociables porque somos y estamos con otro, sin perder o sacrificar identidad.

Es el “yo te veo” en forma auténtica, con apertura y aceptación hacia el Otro, de Lévinas, y Búber. Viene acompañado del respeto y la escucha activa, del saber ponerse en los zapatos del otro; y probablemente, empieza por la misma autocomprensión.

¿Cómo identificar al empresario socialmente responsable?

Se han creado indicadores para establecer estándares e índices de cumplimiento o progreso en materia de responsabilidad social para las organizaciones. ¿Puede medirse de igual manera la acción individual?

La responsabilidad social es un término cada  vez más usual en el ambiente empresarial, con sentido transformacional. Lo es tanto por razones de supervivencia propia -característica  sine qua non de todo ser vivo- y de necesario acoplamiento a un metasistema mayor llamado sociedad. Y ésta también posee una dinámica de orden autopoyético y comunicante, rasgo ampliamente tratado en la Biología del Conocer de Humberto Maturana y por la Teoría de los Sistemas Sociales de Niklas Luhmann. La responsabilidad social representa un estadio pre-paradigmático en la fenomenología social, y eso lo aleja de la estructuración de una única vía o manera de hacer las cosas técnicamente correcta y lineal, porque puede comenzar en una incipiente inquietud personal.

Formas simples, formas complejas

La gestión de Responsabilidad Social Empresarial, RSE, involucra un sistema complejo con la intervención de una serie de elementos conectores, de múltiples relaciones entre los actores y los procesos, además de otros factores, y especialmente la posición de un sujeto líder. En el caso de los empresarios con inclinaciones personales hacia el activismo o la solidaridad con el prójimo, las formas del quehacer en la responsabilidad social no se subordinan necesariamente a parámetros alineados con una estrategia o filosofía de negocio. Y mucho menos con la intención de comunicar tales sus decisiones y acciones sociales a sus relacionados inmediatos como los trabajadores y clientes o la comunidad empresarial. Un empresario es un agente de cambio social no necesariamente consciente de esa función. Simplemente, ocurre, en cualquier  tipo de actividad económica, de espacio territorial y de tamaño del emprendimiento. La permanencia de una actitud favorable y tangible en materia de acción social puede dar paso, en el tiempo, a otras formas elaboradas  y sistematizadas de operación en ese campo, así como la comprensión del impacto de sus decisiones y su nexo con la RSE.

En Latinoamérica la visión o estudio del empresario como promotor de la responsabilidad social y el desarrollo sostenible ha ocupado –y ocupa– la atención de distintos instancias. Cabe citar el aporte del profesor de Harvard, James E. Austin  en la II Conferencia Interamericana sobre Responsabilidad Social de la Empresa (BID, 2004)  al proponer tipologías que al combinarse hacen de una persona un emprendedor socialmente responsable. Ocurre cuando junto con sus equipos de trabajo asume uno o más de siete roles esenciales:

  • El abanderado: Lidera la causa de la RSE y crea un ambiente que apoya y respalda a los demás miembros de la empresa

  • El comunicador: Sienta las bases y diseña las estrategias necesarias para aplicar la RSE de una manera continua, coherente e inspiradora
  • El creador: Encuentra nuevas estrategias y genera acciones que permitan superar las barreras y avanzar hacia soluciones de RSE novedosas y eficaces
  • El catalizador: Es precursor y proveedor de los recursos necesarios para hacer avanzar la agenda de la RSE
  • El colaborador: Combina sus esfuerzos con los de otros sectores, tanto dentro como fuera de la organización, para lograr que la RSE sea relevante y efectiva en las agendas de todos
  • El coordinador: Asegura que se capturen las sinergias de los múltiples esfuerzos y entidades
  • El calculador: Considera cuidadosamente los costos y beneficios de las acciones de RSE y el ritmo al que la organización puede absorber cambios significativos.

La identificación de un individuo en una o varias categorías permite establecer oportunidades  o puntos de partida para la aplicación de tácticas y estrategias de conexión y relacionamiento -sobre la base de la comunicación- que agreguen valor a un proyecto con potencial impacto social. Por ejemplo un empresario con usual tradición como donante de recursos financieros para una actividad benéfica es un catalizador, un filántropo, al cual el destino de los mismos debe estar muy visible desde el inicio del contacto, así como una clara visión pública de los resultados, una vez cerrado del ciclo de la intervención social. En cambio un empresario coordinador necesita una visión clara de los sujetos implicados en una acción, instituciones representadas y los elementos de interés común que hagan factible un sentido de beneficios compartidos.

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Dar el pez o enseñar a pescar. El impulso a ese cambio es parte de la trasformación positiva en la vida de Otro ser humano y evidencia la voluntad personal, de un empresario (hombre o mujer), en el sendero de lo social. 

 

De la evidencia social al balance de vida 

Hasta el momento no existen indicadores o un criterio único para calificar a un hombre o una mujer de empresa como socialmente responsable. Sin embargo, en mi experiencia, tras muchos años de cercano intercambio y observación de las acciones y cualidades de muchos líderes o fundadores de empresas familiares, multinacionales y multilatinas, propongo algunos elementos, que van mucho más allá de la magnitud financiera de su acción. Ellos son:

  • Se evidencia en su trayectoria una posición, una filosofía propia, afín con la responsabilidad social, el desarrollo sostenible o el valor compartido.
  • Su sistema personal de ética y valores tiene eco en el modelo y la cultura del negocio.
  • Lidera la conducción, implantación, fortalecimiento o consolidación de la RSE en su empresa.
  • Hay indiscutibles muestras de sensibilidad, disponibilidad y compromiso con la resolución de carencias o rezagos sociales y ambientales, especialmente dentro del territorio impactado por sus negocios.
  • Se cultiva, al mismo tiempo que inspira a sus pares a aprender e innovar en materia  de RSE.

  • Practica e impulsa la escucha activa, especialmente con quienes representan a los grupos de interés o stakeholders del negocio.

  • Valora y procura el entendimiento basado en la aceptación de las diferencias, con fomento a construir espacios para el ganar-ganar (empresa-sociedad) y visión compartida.
  • Promueve alianzas trisectoriales (empresa, gobiernos, sociedad civil) y teje redes de cooperación con sus pares.
  • Como ser humano da el ejemplo en el respeto de la libertad, creencias, valores e ideología de las personas beneficiarias de las iniciativas o programas que respalda o promueve.
  • Impulsa la transparencia y el dar cuenta de las acciones de sus negocios, incluyendo la aplicación de estándares en la elaboración de memorias o balance social.

Hay otra forma, mucho más sencilla aunque algo compleja de medir: la rendición de cuentas de cada quien consigo mismo, al final de sus días, tal como lo expuso el también académico de Harvard  Clayton M. Christensen, en su artículo How Will you measure your life?  (HBR, 2010) Cuántos corazones, cuántas vidas fueron tocadas, para bien, es probablemente el balance final de vida más cercano a la calificación como empresario auténticamente responsable.

@xiomarayamil

 

 

¿Cuál es el alcance de la dimensión social y ética de un empresario?

La acción de un empresario en materia de responsabilidad social en múltiples ocasiones se deriva de una visión, muy personal, de la sociedad que quisiera llegar a ver.

Rossabeth Moss Kanter, dada su vasta experiencia estudiando a los líderes del ámbito gerencial, declaró en una entrevista a finales del siglo XX que “los líderes empresariales con conciencia cívica están siendo sustituidos por gerentes siempre en tránsito, que acumulan millas de vuelo”. Su reflexión, para ese entonces, aludía directamente al carácter global y acultural que acentuaba progresivamente a las figuras que ocupaban –y ocupan– los puestos de mando de las grandes empresas multinacionales. Su constante movilización de residencia y el poco involucramiento con la vida del territorio donde opera la compañía que le paga un sueldo por agenciar lo necesario para obtener la máxima utilidad posible, se estaría reflejando en un compromiso social netamente técnico o utilitario con el entorno.

Esa tendencia lejos de decrecer, se avizora con mayor intensidad y es referida con frecuencia en la literatura empresarial contemporánea. Pero por otro lado, el papel del empresario fundador, asociado o heredero, aún le imprime al mundo de los negocios (globales, regionales o locales) una cualidad de horizonte signado por autenticidad en la acción y el pensamiento social. Según un trabajo especial editado por el diario argentino “El Cronista Comercial” (2011), el aporte a proyectos solidarios de 10 filántropos globales dan ejemplo de visiones particulares sobre el progreso de la sociedad. Nombres como Bill Gates, Warren Buffet, Stephan Schmidheiny, George Soros, Melissa Kwee, entre otros, más allá de destinar grandes sumas también imprimen un sello e impulso a temas o causas específicas, producto de su propia reflexión o convicciones en cuanto al mundo que pudiera llegar a ser. Caso, por ejemplo, de Schmidheiny, quien impulsó la creación de instituciones de impacto como FUNDES o el Consejo Mundial para el Desarrollo Sustentable.

Para Patricia Aburdene (2006), célebre “gurú” en el campo de las tendencias futuras globales[1], los líderes de empresas –tanto sus fundadores como sus directores ejecutivos– han comenzado a describir paulatinamente un comportamiento más espiritual y socialmente consciente. Lejos de ser un atributo tangencial, es una parte visible y estratégica de su acción empresarial. Su visión de la responsabilidad social se orienta en ese sentido, y la describe como:

Amor, justicia y verdad en acción. Cuando un activista corporativo proyecta la luz sobre reglas opacas de administración y aumenta la transparencia o expone la pobre trayectoria ambientalista de una compañía, está ensanchando la conciencia, exactamente igual que si hubiera construido un centro de meditación. (…) ‘Espíritu de negocios’ y ‘responsabilidad social corporativa’ representan dos lados de una misma moneda,  las dimensiones interna y externa de un mismo fenómeno juntas, estas nuevas direcciones transformarán el capitalismo en los próximos diez o veinte años  (Aburdene, 2006, p.53).

Ella defiende la viabilidad de un capitalismo revitalizado mediante la transformación espiritual. La historia podrá registrar ese paso hacia un “capitalismo consciente”, caracterizado por ser una matriz dinámica en la que se mueve la libre empresa junto con actores sociales con capacidad para influenciar, modelar o presionar a favor de una mayor integridad en los negocios, búsqueda de trascendencia, mayor respaldo del consumidor, entre otros. “La alquimia del capitalismo consciente transmuta el insumo de conciencia humana en el deseable resultado de utilidades materiales y sociales” y para alcanzar ese estado, resalta Aburdene, es clave que los líderes de empresas logren victorias personales. No lo menciona, pero es una idea afín a los mundialmente divulgados “7 Hábitos” de Stephen Covey (1990) para la gestión eficaz de sí mismo. Específicamente, Aburdene es partidaria de fomentar en las empresas el autodominio y el conocimiento de sí a través de prácticas en la esfera espiritual, a partir de que espiritualidad significa “sed de algo más: de la paz interior, de la autorrealización, de las cosas que, como diría la abuela, no se compran con dinero”. La define como una pasión personal, por lo que la búsqueda de la espiritualidad “es la mayor megatendencia de nuestra era”.

La idea no es nueva. Cuando John Naisbitt, coautor con Aburdene de “Megatendencias 2000”, vino a Venezuela para asistir al Congreso Mundial de Gerencia, en el año 1990, hablaba de la globalización y la revisión del hombre, del sentido de su existencia. Tuve el privilegio de entrevistarlo, conjuntamente con mis grandes amigas y colegas -para ese entonces compañeras de tesis- Claudia Furiati y Narvin Delgado. Investigábamos el nexo entre imagen corporativa y responsabilidad social. En ese breve encuentro, Naisbitt nos explicaba el vínculo entre humanización y globalización: el hombre contemporáneo se encontraba en un momento de re-examinación de su objetivo de vida, buscando respuestas y vías para la revitalización de su espíritu.

En el caso de los empresarios ese planteamiento ha evolucionado y se ha revitalizado a lo largo del tiempo. Es frecuente la presencia en las discusiones o reflexiones en las citas o mega-encuentros globales que marcan pauta en la acción de los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado, especialmente el Foro Económico Mundial. Al carácter subjetivo, íntimo, de la inquietud personal, hay una dimensión moral en el ejercicio del liderazgo que es nutrida por la necesidad de sostener la operación de los negocios, en un mundo cada vez más competitivo, cambiante e hiperconectado. Son desafíos complejos que ponen a prueba la ética de un líder en los negocios, tal como reitera el profesor Emeterio Gómez en gran parte de su obra.

Hombres que marcaron huellas

En el caso de Venezuela, la historia ha dado cuenta de personajes visionarios desde los lejanos años 60, que cooperaron o impulsaron iniciativas que significativamente impactaron a la sociedad local. Frecuentemente se suele citar a Eugenio Mendoza Goiticoa como la figura más notoria, pero otros también sembraron un camino de empresarialidad socialmente involucrada, visionaria y con actitud transformativa, por el significado personal que atribuían a esa postura de vida que marcó significativamente la vida de muchas personas.

Un caso hoy en día poco citado, pero altamente valioso, fue el ejemplo de los hermanos Hans y Lotar Neumann[2], quienes siendo muy jóvenes trajeron a Venezuela no sólo sus conocimientos de oficio sino sus inquietudes en arte y educación. En otra de las entrevistas realizadas en nuestra mencionada tesis de pregrado, Hans Neumann -hoy fallecido- nos explicaba su visión el nexo entre la imagen corporativa de la Corporación Industrial Montana (Grupo CORIMON) y las iniciativas que conducía la Fundación Neumman. “La meta nuestra es mejorar el ambiente donde operan las empresas, pero es independiente a la buena imagen o no de ellas. Cada empresa está haciendo su relación con la comunidad que los necesita, pero la Fundación no la reemplaza”. En su análisis sobre las estrategias que muchas empresas habían comenzado a aplicar apoyadas en la integración de imagen corporativa y Responsabilidad Social, él indicaba que hacerlo de esa manera era la manera de buscar o consolidar la aceptación externa del negocio (es decir, “goodwill”).

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Hans Neumann, empresario de origen europeo que impulso innovadores proyectos en educación, el arte y la civilidad, en Venezuela.

Sin embargo, Neumann en particular era un abanderado de involucrar a su Fundación en actividades que aunque pudieran parecer controversiales –como el fomento de la paz en América Latina– tuvieran como propósito contribuir con un entorno propicio para la perdurabilidad de las empresas. Para este empresario era conveniente separar lo corporativo, incluyendo la necesidad de agenciar relaciones con la comunidad, de lo Fundacional, cuyo rol era integrarse o aliarse con agentes de cambio y mantener la visión en el largo plazo: construir un mejor ambiente ciudadano. Es una perspectiva que bien pudiera ser afín con el pensamiento empresarial de otros hombres y mujeres que han impacto conscientemente a la sociedad venezolana mediante sus negocios, cuyas historias e iniciativas son mencionadas o descritas por Charo Méndez en su libro “Responsabilidad Social de Empresarios Empresas en Venezuela durante el Siglo XX”.

Hoy en día vincular responsabilidad social y el quehacer de los empresarios no involucra exclusivamente el espacio de la gran corporación, tradicionalmente más proclive a desplegar iniciativas con holgado respaldo de recursos y facilidades técnicas, además de las competencias y atributos de personalidad de sus propietarios. Es también una noción extensible a los dueños de pequeñas y micro empresas, tema que abordaremos en una próxima entrega.

@xiomarayamil

[2] La Fundación Neumann fue una institución nacida de la integración del Fondo Cultural Hans Neumann y la Fundación Lotar Neumann para satisfacer las inquietudes de acción social de ambos hermanos en la cultura y la educación. Sus iniciativas –tanto propias como en coauspicio con otros actores- fueron vanguardistas e innovadoras para la época. Entre ellas vale resaltar la producción del programa educativo infantil “Sopotocientos” recordado por su alta audiencia y calidad pedagógica, que fue transmitido por la televisión estatal; así como también la creación del Instituto de Diseño Neumann, cuyos egresados consolidaron un legado importante por su exitoso desempeño en el mundo de las artes gráficas.